La caja de los sonidos es un recurso muy sencillo de preparar, pero con enormes posibilidades para trabajar la conciencia fonológica en Educación Infantil. Su principal objetivo es ayudar al alumnado a escuchar, identificar, diferenciar y producir los distintos sonidos del habla, relacionándolos progresivamente con las letras del abecedario.
El material que compartimos está formado por una colección de etiquetas para organizar los cajones de la caja de los sonidos. En cada etiqueta aparece la letra en mayúscula y minúscula junto a una imagen real de la posición de la boca al producir ese sonido. De esta forma, el niño no solo escucha el fonema, sino que también puede observar de manera visual cómo se colocan los labios, los dientes y la lengua.
Este apoyo visual resulta especialmente interesante en Infantil, ya que facilita la discriminación auditiva y la articulación, al tiempo que acerca al alumnado a las primeras relaciones entre sonido y grafía de una forma natural y manipulativa.
La caja puede organizarse con un cajón para cada sonido. En su interior podemos ir incorporando pequeños objetos, miniaturas, fotografías o tarjetas de vocabulario cuyo nombre comience por ese fonema. Por ejemplo, en el cajón de la M podemos guardar una miniatura de una mano, una moneda, una muñeca o imágenes de mesa, moto o mono. El objetivo no es memorizar listas de palabras, sino jugar con los sonidos y descubrir cómo aparecen dentro del lenguaje cotidiano.
Una de las estrategias más sencillas consiste en presentar varios objetos y preguntar: “¿Cuál empieza por /m/?”. Antes de elegir, podemos pedir al alumnado que mire la etiqueta del cajón, observe la posición de la boca y repita el sonido lentamente.
También podemos plantear el juego del objeto intruso. Colocamos tres o cuatro elementos que comiencen por el mismo sonido y uno diferente. El alumnado deberá localizar cuál no pertenece a ese cajón y explicar por qué.
Otra actividad muy motivadora es la búsqueda de sonidos por el aula. Elegimos una letra, reproducimos juntos su sonido y buscamos objetos de la clase cuyo nombre empiece de la misma manera. Después podemos fotografiarlos, dibujarlos o crear nuevas tarjetas para añadir al cajón correspondiente.
Las etiquetas con imágenes de la boca permiten además trabajar frente a un espejo. El niño puede observar la fotografía, reproducir el sonido y comprobar cómo coloca sus propios labios y lengua. Esta actividad ayuda a desarrollar la conciencia articulatoria y puede resultar especialmente útil para aquellos alumnos que necesitan un apoyo visual adicional.
Con alumnado de 5 años podemos avanzar un poco más y jugar a descubrir sonidos que aparecen al principio, en medio o al final de las palabras. También podemos sacar un objeto al azar de un cajón, decir su nombre despacio y segmentarlo oralmente en sílabas.
La caja de los sonidos también puede incorporarse a las rutinas diarias del aula. Cada mañana podemos elegir el “sonido del día”, buscar palabras que lo contengan, decir nombres de compañeros que empiecen por él o intentar construir entre todos una pequeña lista de palabras.
Es importante recordar que en estas edades debemos partir siempre del sonido antes que del nombre de la letra. Podemos pronunciar /mmmm/ en lugar de decir únicamente “eme”, o /ssss/ antes de nombrar la “ese”. Así facilitamos posteriormente el proceso de unión de sonidos necesario para iniciarse en la lectura.
Este tipo de propuestas convierten el aprendizaje fonológico en una experiencia mucho más concreta. El niño escucha el sonido, observa cómo se produce, lo pronuncia, busca palabras, manipula objetos y finalmente lo relaciona con su representación escrita.






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