A menudo, nos centramos en la comprensión lectora de textos escritos, pero olvidamos que vivimos en un mundo profundamente visual. Enseñar a nuestros alumnos a «leer» lo que ven, a conectar puntos invisibles y a deducir información no explícita es una habilidad crítica para su desarrollo cognitivo. Por ello, he preparado una dinámica pensada para realizar como dinámica de clase.
La dinámica es sencilla pero profundamente efectiva. Al proyectar cada lámina, los alumnos se encontrarán con una escena y una pregunta clave. Para responderla, no encontrarán la solución escrita en ninguna parte; deberán observar los detalles (el clima, la expresión de un rostro, la posición de los objetos, las sombras) para llegar a una conclusión.
Cada reto presenta tres opciones de respuesta posibles. La magia ocurre en el debate: el alumno no solo debe elegir la opción que cree correcta, sino que debe ser capaz de explicar por qué las otras dos son improbables basándose únicamente en las evidencias visuales que tiene delante.













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