El comecocos es un clásico que nunca pasa de moda. Hoy le vamos a dar una vuelta de tuerca pedagógica para transformar este juego tradicional en una herramienta infalible para dominar las tablas de multiplicar. Aprender las tablas no tiene por qué ser una tortura de repetición monótona. Con este recurso, los alumnos practican el cálculo mental mientras manipulan, juegan y desafían a sus compañeros.
Aprender las tablas de multiplicar suele ser uno de los mayores retos en la educación primaria. Para muchos niños y niñas, enfrentarse a la memorización pura y dura puede resultar frustrante y monótono. Sin embargo, la clave para un aprendizaje significativo reside en convertir el estudio en una experiencia táctil y lúdica. Hoy os presentamos una propuesta que rescata un juego clásico de patio: el comecocos de papel, transformado ahora en una potente herramienta de cálculo mental.
El uso del comecocos en el aula no es solo una manualidad; es una actividad que involucra la memoria cinestésica. Al manipular el papel, abrir y cerrar las solapas y buscar el resultado oculto, el cerebro establece conexiones más fuertes que cuando simplemente se lee una lista en un libro de texto. Este recurso fomenta la autonomía, ya que permite que los alumnos se autoevalúen: si no están seguros de un resultado, solo tienen que levantar la pestaña para comprobarlo, eliminando el miedo al error y reforzando la confianza en sus capacidades matemáticas.
Aunque el comecocos puede usarse de forma individual, su verdadero potencial brilla en el aprendizaje entre pares. Al jugar en parejas, se establece una dinámica de reto saludable. Un alumno sostiene el comecocos y «lanza» la pregunta, mientras el otro debe responder bajo la presión lúdica del juego. Este intercambio social no solo refuerza el conocimiento matemático, sino que también mejora las habilidades de comunicación y la paciencia. Es ver la clase de matemáticas convertida, por unos minutos, en un espacio de risas y desafíos compartidos.











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