Queridos compañeros, os traigo una propuesta que estoy segura de que os va a encantar para trabajar la lectoescritura de palabras bisílabas de una forma muy, muy dinámica y visual. Se trata de un recurso que he bautizado como el «Reloj Silábico», ¡y es perfecto para afianzar la conciencia silábica de forma manipulativa!
Imagina un reloj de pared, pero en lugar de números, cada posición horaria tiene una sílaba diferente. En el centro de este reloj, colocaremos un dibujo que represente una palabra bisílaba (por ejemplo, «casa», «mano», «pato»).
El objetivo es que los alumnos, utilizando unas agujas manipulativas (pueden ser de cartulina, goma eva o incluso palitos de helado): identifiquen la palabra del dibujo central; a continuación deberán señalar la primera sílaba de la palabra con la aguja que simula la hora y la segunda sílaba de la palabra con la aguja que simula los minutos.
Pero la actividad no termina aquí. Para consolidar el aprendizaje y conectar lo manipulativo con la escritura, cada «Reloj Silábico» viene acompañado de una plantilla de un reloj digital. En este reloj digital, los alumnos deberán escribir la primera sílaba en el espacio de las «horas» y la segunda sílaba en el espacio de los «minutos».
Así, si la palabra era «pato», en el reloj digital aparecería «PA : TO». ¡Una forma genial de transicionar de la comprensión auditiva y manipulativa a la codificación escrita!
Este recurso destaca por su capacidad de transformar un proceso cognitivo complejo, como es la segmentación fonológica, en una experiencia sensorial y multisensorial completa. Al fusionar el estímulo visual del reloj con la kinestesia de mover las agujas, el alumno no solo «oye» las sílabas, sino que las «localiza» y las «toca», lo que refuerza la memoria de trabajo y la motricidad fina. Además, el ingenioso puente hacia el reloj digital actúa como un sistema de codificación lógica: al trasladar las sílabas de un formato analógico a uno de escritura lineal, el niño comprende la estructura de la palabra de forma natural y autónoma. Esta metodología no solo fomenta la atención sostenida gracias a su diseño lúdico, sino que dota al estudiante de una herramienta de autocorrección, permitiéndole visualizar la construcción de la palabra paso a paso antes de enfrentarse al papel en blanco.














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