Llegamos a esos últimos días antes de las vacaciones de primavera donde el cansancio es palpable: las evaluaciones ya están cerradas, las notas puestas y el ambiente en el aula oscila entre el agotamiento y la euforia por el descanso. Sin embargo, este tiempo es un «regalo» pedagógico si sabemos aprovecharlo. Realizar dinámicas de reflexión y convivencia en este momento permite que los alumnos procesen lo vivido, reduzcan el nivel de estrés acumulado y se vayan a casa con una sensación de logro y pertenencia, transformando el «tiempo muerto» en un cierre emocional positivo que refuerza su autoestima y el vínculo con el grupo.











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