La manera en la que los adultos nos dirigimos a los niños tiene un impacto profundo en su comportamiento, su autoestima y su forma de relacionarse con el mundo. En el día a día, tanto en casa como en el aula, es muy común recurrir a instrucciones negativas: “no corras”, “no grites”, “no te enfades”, “no lo has hecho bien”. Aunque suelen decirse con buena intención, este tipo de mensajes no siempre resultan eficaces y, en muchos casos, generan frustración, resistencia o desmotivación.
Dar instrucciones en positivo implica decirle al niño qué sí puede hacer, en lugar de centrarnos únicamente en lo que no debe hacer. Este pequeño cambio en el lenguaje tiene grandes beneficios a nivel emocional, cognitivo y conductual.
El cerebro infantil, especialmente en las primeras etapas del desarrollo, tiene más facilidad para comprender acciones concretas que prohibiciones abstractas. Cuando decimos “no corras”, el niño escucha la palabra “correr” y, muchas veces, no recibe una alternativa clara sobre qué se espera de él. Esto puede provocar confusión o incluso el efecto contrario al deseado.
Además, un uso constante del “no” puede:
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Generar sentimientos de incapacidad (“siempre lo hago mal”).
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Aumentar la oposición o la desobediencia.
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Dificultar la autorregulación emocional.
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Debilitar el vínculo entre adulto y niño.
En contextos educativos y familiares, donde la relación es clave para el aprendizaje, este tipo de comunicación termina siendo poco constructiva.
Dar instrucciones en positivo no significa permitirlo todo ni evitar los límites. Al contrario, los límites siguen siendo necesarios, pero se expresan de una manera más clara, respetuosa y educativa.
Consiste en:
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Nombrar la conducta deseada.
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Ofrecer una alternativa concreta.
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Mostrar el beneficio de esa acción.
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Acompañar con un tono calmado y firme.
Tanto docentes como padres y madres cumplen un rol fundamental como modelos de comunicación. Los niños aprenden no solo de lo que se les dice, sino de cómo se les dice. Un adulto que comunica con respeto, claridad y calma está enseñando habilidades sociales y emocionales esenciales para la vida.
En el aula, las instrucciones positivas favorecen un clima de aprendizaje más tranquilo y colaborativo. En casa, fortalecen el vínculo afectivo y reducen tensiones innecesarias.
No se trata de eliminar por completo la palabra “no”, sino de usararla con conciencia y priorizar mensajes que guíen, enseñen y acompañen.










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