A veces, tanto niños como adultos, necesitamos una pequeña pausa para reconectar con lo que nos hace sentir bien. Pensando en esto, nace la propuesta “Mi pócima de la felicidad”, una actividad creativa e imaginativa que invita a los niños a inventar su propia receta mágica para acompañarlos durante el año.
Esta dinámica parte de una idea sencilla pero poderosa: imaginar que la felicidad se puede crear mezclando ingredientes especiales. A través del juego simbólico, los niños reflexionan sobre sus emociones, reconocen aquello que les da calma, alegría o fuerza, y lo transforman en una pócima personal. Cada ingrediente representa emociones, actitudes, personas o acciones que los ayudan a sentirse mejor.
Crear la pócima no es solo un ejercicio de imaginación, sino también una herramienta de educación emocional. Mientras dibujan, escriben o nombran sus ingredientes, los niños aprenden a identificar qué necesitan cuando están tristes, desanimados o con poca energía. La ficha se convierte así en un recurso al que pueden volver cuando lo necesiten, recordando todo aquello que los ayuda a sentirse mejor.
Uno de los aspectos más valiosos de esta actividad es que no busca respuestas correctas, sino respuestas auténticas. Cada pócima es única, porque cada niño es diferente. Además, el lenguaje mágico y creativo favorece un clima de confianza, haciendo que hablar de emociones resulte natural y cercano.
“Mi pócima de la felicidad” puede utilizarse al inicio del año, en momentos de reflexión o como una actividad de bienestar emocional. Guardada en una carpeta o cuaderno, se transforma en un pequeño tesoro personal: cuando un niño se sienta triste o desanimado, puede volver a consultarla y recordar qué ingredientes lo ayudan a sentirse mejor.



Deja una respuesta